Suyo, mio, nuestro.
Mi cintura no es estrecha con ombligo dalzarìn,
no tengo piernas absolutas,
ni mis nalgas son grandiosas, pero
me conformo con lo que tengo.
Se equivocò ud al pensar que,
sin benas tetas nada de nada.
Mal por ud señor que siempre soñò con vaginas inundadas;
Yo gozo el sexo a mis anchas con este cuerpo de gelatina
donde habita una cueva rocosa y seca.
Gimo con sus idas y venidas,
con ojos entreabiertos asechando como gato
listo ataque y al escape.
Entrañas que balbucean suplicantes de dolor,
dientes chirrean contraidos haciendo eco sordo...
Arden mucho mis puertas por su culpa
mientras afuera la lluvia juega sobre el tejado,
me ahogo en su humedad lechosa;
gotas gigantes caen en mi rostro.
¡ Maldito techo lleno de huecos ¡
las gotas no cesan de caer
Asì, el frio llega y con èl tiemblo envueltos en un aroma a sàbana vieja.
Dos piernas flaqueantes y peludas paran un cuerpo:
el cuerpo sin tetas,
sin culo pero que disfrutò al hermoso hombre que ya tiene dueña;
Sì, es él mismo que duerme en su cama... mi querida dama.
